Poema «El sonido de las teclas»

El sonido de la máquina de escribir seguirá vivo en la memoria de nuestras huellas dactilares…¡Así lo creo! Son nuestras huellas dactilares las que tuvieron el privilegio de mecanografiar, de teclear una y otra vez, la tan clásica y aristocrática máquina de escribir.

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Cómo se escribió «Crónicas cruzadas 4: el penúltimo robo»

Crónicas Cruzadas 4 making off

«Aquel jueves por la tarde, llovía». Así decidí comenzar esta crónica que ha sido una de las más duras, hasta ese momento, que escribí. ¿El porqué? Había sido víctima de un robo, por primera vez, es una de las ciudades más peligrosas del mundo, Caracas.

Por fortuna, solo fue robo. No un atraco que incluye violencia. Solo fue un hurto, un torpe hurto, torpe por mi parte, por mi culpa. Y comencé así el relato porque llegue a pensar que quizás «Si no hubiese llovido, no me hubiesen robado».

Recuerdo que una compañera me preguntó cómo estaba, y le respondí con mi retórica retorcida: «Estoy, porque otros no están ni estarán», queriéndole decir que estaba vivo contándole lo sucedido porque en Venezuela actualmente muchos no viven para contar qué les sucedió tras un atraco.
—¿¡Cómo es eso que te robaron!? —te pregunta la gente, como si se tratase de un incidente ajeno al anárquico país de políticos malcriados…
Esa sensación desagradable que te produce un malestar en el cuerpo, me invadió. Miré a todos lados. Un tormentoso sonido invadió mi cabeza mientras giraba la mirada en 360 grados: murmullos, gritos, bocinas de vehículos, pisadas y trotes, risas e insultos de los acalorados jóvenes que jugaban basquetbol y fútbol. Todo era confuso. Unas ganas de llorar me invadió de repente. Las lágrimas no salían. Impotencia.

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Empecé a preguntar por el bolso que había quedado debajo de un árbol luego de que comenzara a llover. Nadie me dio respuesta clara. Al lado de ese árbol, chicos esqueléticos y otros con fibra en los músculos le daban patadas al balón. Corrí desesperado a la vigilancia de Parque del Este, y los vigilantes amablemente me atendieron. ¡No me dieron buenas noticias!: «¡Chamo, eso ocurre aquí a diario; ayer fueron dos señoras que llegaron aquí, hoy fuiste tú, mañana serán otros! Son los chamos que se meten a jugar aquí, a pasear y cuando alguien se descuida, se llevan las cosas». Algo así me dijo uno de los guardias del parque y me detalló que estos malandrines que entraban al lugar hacían la triquiñuela entre varios, y se pasaban los bolsos o pertenencias, seguramente, de uno a otro, como si se tratase de una red de delincuentes con un modus operandi bien trazado, y que al final, muy probablemente, salían del sitio por alguna tela metálica rota o cualquier recoveco y no por la entrada principal.

¿Por qué el título?

El penúltimo robo se me ocurrió porque siempre he considerado que aquello «último» que te ocurre cuando estás vivo pasa a ser «lo penúltimo». Eso «penúltimo» será «lo último» si dejas de existir, dejas de respirar, falleces, mueres. Esta reflexión me quedó luego de una conversación que sostuve por Casanay (estado Sucre) con un viejo italiano muy canoso. Recuerdo que del mismo viejo aprendí que no se decía /sha-kes-pia-re/, sino /shékspier/. Resolvía yo un crucigrama donde me preguntaban por una obra de William Shakespeare. El señor Manolo tenía borregos, gallinas, patos y hasta un mono en su pequeña hacienda.
♠ Mientras escribo esto, me entero de que Shakespeare usaba un zarcillo en la oreja izquierda
Un robo anterior, también por descuido quizá, dejó de ser mi penúltimo robo para para darle paso a este que me ocurrió en agosto de 2016 en el Parque Francisco de Miranda, conocido como Parque del Este.
|… después de que una mujer, cuya barriga se le salía de la blusa, me lo quitara en un bus al haberme quedado dormido [ese había dejado de ser mi penúltimo robo]. La greñuda era mi vecina de viaje.
La enumeración (I) daba cuenta de que continuaría la crónica. La comencé, solo que no me animé a terminarla.

Tema central

¡No les ha pasado que la gente te mira y no sabes por qué? Bueno, ese día se me ocurrió que esta edición de mis Crónicas Cruzadas debía escribirse en primera persona y no con el personaje que creé, Noel Odra, y que se centraría en las miradas de las personas, en lo que miran de ti mientras caminas pero ni sabes por qué lo hacen.
«La gente te mira. Vas por la calle, y te mira. Caminas por la hedionda estación del metro (…) y te siguen mirando. Entras al vagón, y te miran. Subes las escaleras mecánicas (…) y “te tiran el ojo”, te miran. Te ríes en la mesa sin el café, y te miran. Acompañas a un amigo a fumar, y te miran…»
Lo centré en la miradas de las personas que pareciera te quisieran preguntar o decir algo, pero como no te conocen, te lo comunican con la mirada. ¿Pero mirará la gente las angustia que lleva uno por dentro, o las alegrías? Al fin y al cabo, «Esto solo le pasa a un pendejo en un país de corruptos». Con esa pesada reflexión culminé el relato.

¡Hasta la próxima crónica…

Crónicas Cruzadas en el Metro de Caracas | La corrupción hizo metástasis en Venezuela

publicado en: Crónicas cruzadas | 0

En el sobre color mostaza se lee: “calle Andorra”. Lo sostiene un hombre de estatura baja, quizás un metro sesenta. Piel encarrujada, escasos vellos en los brazos. Un poco más de sesenta años. Desgastada, su camisa azul oscura atravesada por líneas rojas. Desgastada y sucia, su boina de tela con líneas cruzadas blancas y grises. Desgastados “jeans”, azul desgastado, pálido azul. Desgastados y rotos zapatos deportivos, negros, con remiendos. ✍️ Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez |||

Una mujer sin cabello, bolso muy grande colgado del hombro derecho. Lentes negros muy oscuros, como de soldador. Blusa de flores. Pantalón holgado. Miraba arriba, a los lados, abajo, a los lados otra vez. Sonrisa desgastada.

A un paso del hombre sostenido del tubo superior del vagón, distante de la mujer con algunas manchas en el cuero cabelludo, pensaba Noel Odra: «El cáncer y la corrupción son la misma enfermedad: uno, carcome a la persona; otro, hace metástasis en toda una nación. Y el cordón que los une puede ser tan corto como las tres personas que separan a un hombre y una mujer que no se conocen».

La vida le dibujó aquella escena a Odra entre las estaciones Chacao y Chacaíto del convulsionado y agonizante Metro de Caracas.
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📌 Apostillado:

Un olor rancio a pasillos de hospital sucios, de ropa vieja y mal lavada, viajaba en forma de vaho dentro del vagón chirriante. Se inyectaba en la nariz y le hacía arrugar el rostro a Noel Odra aquel 13 de abril 2018.

La piel encarrujada del hombre y las ganas de vivir de la mujer que luchaba con esta enfermedad trajo a la de Noel Odra aquella anciana de cabello color cemento que también luchaba por llevar un bocado de comida a casa en la avenida San Juan Bosco de Altamira, en Caracas. ¿Se le habrá apagado por fin la voz tenue a la pobre viejucha?, pensó Noel.

#CronicasCruzadasLBV 🔀

¿Cuántos años tarda en envejecer el alma?

publicado en: Clímax noticioso, Sociedad | 0

Él es el señor Ramón, quien está por tocar el filo de los 80 años, cada domingo recorre parte de El Ávila, como se conoce popularmente al Parque Nacional Waraira Repano. Dice que eso lo mantiene vivo. Dice que le da fortaleza. Dice…

||| Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez

Sentado en un tronco que no le quedó de otra para seguir viviendo que fungir como banco en el bulevar Marqués del Toro, sector San Bernardino, Caracas; lee la prensa para mantenerse al día. Siempre compra el periódico en un pequeño quisco cerca de su casa y va a un lugar tranquilo a leerlo. Vive muy lejos de ese lugar de fríos buenos aires, donde la hojarasca y el cantío de las aves risueñas dibujan un melódico retrato sonoro.

Pasé a su lado y el viejo me regaló su sonrisa de pocos dientes pero de mucha alegría y vitalidad. A su lado lo acompaña, como amigo inseparable, una vara gruesa cual bastón que le sirve de sostén en el largo y lento camino que le toca por andar.

¿Cuántos años tiene una vida? ¿Cuántos años tiene un anciano que emana de sí un espíritu jovial y las ganas de seguir viviendo? ¿Cuántos años tarde en envejecer el alma? ¿Cuántos años…

⇒ Se lee en los apuntes de la libreta de anécdotas de Noel Odra

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Detrás de la foto: Ramón lee un periódico estatal en San Bernardino, Caracas, diciembre 2017

7 poderosas razones para ser feliz | Coach Disruptivo

¿Fueron felices para siempre? «Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo». Es una cita que le pertenece al conde Lev Nikoláievich Tolstói, conocido popularmente en español como «León» Tolstói, quien fuera un novelista ruso, considerado como uno de los escritores más importantes de la literatura mundial.

Hoy, Día Internacional de la Felicidad (celebración que se da cada 20 de marzo) quiero que sea el punto de partida para ser más feliz todavía de lo que ya eres. Sí, sí se puede. No depende del otro, sino de ti.

Te daré 7 poderosas razones, consejos, ideas o claves para ser feliz.

1. Celebra un sueño que hayas logrado por muy pequeño que te parezca

Así sea un paso corto para alcanza una gran meta, celébralo. Sé entusiasta y vuelca tu energía a eso que has obtenido porque, sin duda, no solo te hará feliz, sino que te impulsará a tener éxito en todo lo que te propongas. ¿Celebraste que hayas llegado temprano al trabajo cuando siempre llegas tarde? ¡Tonto quizás, pero hazlo!

2. Ríe y sonríe con tus amigos y familiares y comparte tus alegrías

Cuando sonríes, la energía a tu alrededor cambia y el mensaje que le envías al cerebro de quienes te rodean es diferente, según el neurólogo venezolano Ciro Gaona. Entonces, ríete y sonríete con el otro para que todos pueden difundir y expandir esa felicidad en conjunto. ¿Cuándo fue la última carcajada que te hizo correr lágrimas? ¿Le has obsequiado una sonrisa a una mirada cabizbaja que la necesita? ¡Hazlo! ¡Brinda felicidad!

3. Respira, siente, saborea, escucha y contempla lo que te llena el alma

El olor a tierra mojada o al café de la abuela, recordar incluso una caricia de alguien especial, o simplemente escuchar o contemplar algún detalle o una cosa que tanto te guste, ten por seguro que te dibujará una sonrisa en tu rostro. ¿Y si vas por un chocolate (o eso que te gusta) y en vez de morderlo lo dejas derretir en tu boca concentrándote en la excitación de cada papila gustativa? ¿Exagerado? No, ¡experiméntalo! ¡Hazlo! ¡Sé feliz!


Días atrás me preguntaban: ¿Cómo haces para ser feliz?
Solo respondí: valorando lo que tengo, haciendo de pequeños detalles grandes emociones y sonriéndole a todo lo que me pasa.

4. Comparte con tu familia y amigos

Sentarse a tener una amena plática con tus seres apreciados o estar en grandes o pequeñas reuniones con ellos, sin duda, son motivos que te hacen feliz. ¿Y si hoy tomas el teléfono y llamas a alguien especial y le dices cuán feliz te hace que él o ella forme parte de tu vida? ¡Se sorprenderá si se lo comentas un día que un día cualquiera! ¡Hazlo! ¡Sé feliz!

5. Agradece lo que tienes y lo que te ocurre

Quejarse es mirar el vaso medio vacío cuando se te olvida que también está medio lleno. Siempre que tomas el lado positivo, productivo y profundamente reflexivo de lo que te ocurre, esto te generará tranquilidad y te invitará a mejorar para ser feliz más adelante.

¿Has agradecido por la familia, amigos y trabajo que tienes sin quejarte por sus defectos o buscar detalles negativos que solo te inyectan desánimo? ¡Dale la vuelta a la tortilla y sé agradecido siempre! ¡Sé feliz!

Que el vaso medio vacío te invite siempre a tener que llenarlo de cosas que te hagan feliz

Leonardo Bruzual Vásquez

6. Ayuda a otro

¡Sin esperar nada a cambio!, ayuda a otro. ¿Te has detenido a sentir (desde bien dentro de ti) la satisfacción que da el tenderle tu mano a una persona que realmente lo necesita (así ni le conozcas) y que con una sonrisa te agradece el gesto solidario? Si no lo has experimentado te invitamos a hacerlo. ¡Qué grato y qué felicidad se siente! ¡Hazlo! ¡Entrega felicidad!

7. ¡AMA!, en mayúsculas.

Por último, pero quizás la clave y el secreto de todas las anteriores, si lo que haces lo ejecutas con verdadero amor y la pasión que desata ese ferviente amor, teniendo la convicción de que ello aportará valor a ti y para otros, ¡bingo!, vivirás feliz toda la vida. ¡Inténtalo! Al final descubrirás que el verdadero paraíso no está en el cielo, sino en la plenitud que genera amar lo que hacemos y a quienes nos rodean. Un gran regalo que nos podemos dar siempre es amar.

Recuerda tener amor compasivo con el otro: eso te evitará situaciones incómodas y desagradables con quienes te rodean.

Finalmente, recuerda que la felicidad es un estado de ánimo poderoso, pero que necesita de ti para mantenerse arriba y se activa con tu energía (aunque la estimule un segundo). Si disminuye no es por el otro.

«Es como ir al gimnasio y hacer ejercicios para ponerte en forma y lograr un gran cuerpo», dicen algunos conocedores de la materia. Entonces, ¡arriba el espíritu! y entrena tu autoestima, tu entusiasmo y tu felicidad siempre y pon en forma óptima tu alma, tu estado de ánimo.

«Si esperas a otro para ser feliz, seguramente serás infeliz gran parte de tu vida». Tu felicidad depende de ti, otros te pueden ayudar a complementarla.


Fuente: 29 años de vida
|||Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez