«Quién es usted», obra de teatro de un travesti que defiende a la mujer venezolana

Todos los detalles de la obra de teatro Quién es usted, tras finalizar su primera temporada de 2018


¿Quién fue el culpable de tanto dolor en su alma? La lámpara de su habitación no funciona. ¡Alguien no cambió el bombillo! Ordena algunos muebles en la sala de su refinado departamento y se sienta sobre el sofá. Pijama de terciopelo, piernas cruzadas con la elegancia de una diva, pantuflas y medias pantis negras. Al fondo, Alaska interpreta A quién le importa. Junto a los cosméticos sobre la mesa: una copa de vino, unas gafas, brochas, pinceles y más maquillaje. Usa el cabello rapado. Su nombre: Jorge, un travesti que vive con su mejor amigo, Clemente, un heterosexual.


Pluma ||| Leonardo Bruzual Vásquez


Así es la apertura de la obra de teatro ¿Quién es usted?,que pone sobre las tablas el potencial de la mujer venezolana e invita a que ella se valore por todo lo que es capaz de hacer por sí sola. También deja entrever cómo el homosexual debe apreciarse en sus diversas condiciones ante la sociedad y no deshonrarse por el trabajo que desempeñe para sobrevivir. ¡Particular manera de presentar esta moraleja!

La trama fue escrita por el dramaturgo y también actor Luis Carlos Boffill en 2012, titulando la pieza Hablando de mujeres y traiciones, para un evento del Día Internacional de la Mujer y apenas duraba unos 20 minutos.

Con ese nombre se presentó durante 5 años de manera intermitente en diferentes escenarios; pero fue Leonardo Pinto, productor y director de la puesta en escena, quien le cambió el título con el permiso de Boffill y la ambientó en 1989.

Temporada 2018

Su primera temporada de 2018 culminó el sábado 5 de mayo en la cómoda sala de Alto Teatro, antiguo auditorio de la Alcaldía de Los Salias, en San Antonio de los Altos, Miranda.

Para el cierre de esta edición, estuvo presente el propio Boffill, a quien se le vio supremamente «conmovido», con un caudal en los ojos, en su butaca preferencial. Es primera vez que el autor de la historia no personifica a Clemente junto a Luis Miguel, como lo hacía en encuentros pasados.

El dramaturgo adelantó que ofrecerá sus textos para que sean exhibidos en la Fundación Alto Teatro.

Boffill (en el centro) reconociendo el esfuerzo de todo el equipo y la «maravillosa» dirección de Leonardo Pinto (derecha), así como la actuación de Neiron Medina (izquierda). | Cortesía

El drama de la historia

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Una tradición familiar hace que el amor tenga sabor como a agua para chocolate

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En cada receta hay amargos momentos,
mezclados con hondas reflexiones


La pulpa del fruto del cacao es envidiablemente dulce. En realidad, lo amargo en todo este cuento es su semilla, semilla que pasa por un proceso de fermentación, cociéndose al sol en su propio jugo, y después de otros detalles industriales nace el chocolate, que el consumidor puede degustar en varias presentaciones dependiendo del porcentaje de azúcar o leche que contenga.
||| Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez.

Ch1_Los actores Taba Ramirez y Carla Muller son los protagonistas de esta historia de amor imposible
Los actores Taba Ramírez y Carla Müller le dan vida a los protagonistas de esta historia de amor imposible. ||| Fotos: Juano Abreu

Hay una versión con 100 % del “manjar de los dioses” (como se le conoce al cacao); sin saborizantes, sin nada; cuyo amargor solo le resulta apetecible a particulares paladares. Así de amargo es un romance inalcanzable en Como agua para chocolate, novela escrita en el decenio de los 80 por la mexicana Laura Esquivel. Ahora, en la innovadora adaptación teatral del joven director Julián Izquierdo Ayala, esta historia se endulza un poco con una pizca de humor venezolano.

Gracias a este reajuste que recibió la asesoría del dramaturgo criollo Fernando Azpurua, el público de la Gran Caracas viene disfrutando cada sábado y domingo, —desde el pasado 16 de abril—, la segunda temporada de esta puesta en escena que también se edulcora con el aplauso de quienes se han estremecido, incluso llorado, en las butacas del Teatro Trasnocho Cultural, Baruta.


35 idiomas

Como agua para chocolate (la obra literaria) ha sido traducida a 35 idiomas. Este best seller, con más de 7 millones de ejemplares vendidos, también tiene una versión cinematográfica. Está consagrado como el libro que más ha logrado vender una escritora mexicana. Según reseñas de distintos medios, el año pasado se celebró cinco lustros de aniversario.


Ya en México y España han hecho una modalidad para teatro de esta dura historia «del amor en tiempos de crisis», asegura Izquierdo. Pero fue en enero pasado —en el II Festival de Jóvenes Directores (Caracas)— cuando se inauguró el montaje que agotó todas sus funciones a pesar de no haber ganado, destacó el también actor de 29 años.

En esta cita, justo antes de entrar a la función, recibes el menú con un impecable diseño gráfico. Desde ese momento, se puede apreciar que hay un equipo preocupado por cada centímetro de la deliciosa pieza teatral. Es por ello que el director expresa que ha sido “un honor” y «una suerte» trabajar con profesionales pendientes milimetricamente de cada detalle que vigilaron, incluso, los movimientos coreográficos (a cargo de Taba Ramírez [también en la dirección creativa]).

La ambiciosa propuesta permite que su espectador se sumerja con la exquisita y hasta un tanto burlesca música, original de Juan Pablo García. La mirada del auditorio logra hipnotizarse gracias a la achocolatada y magistral dirección de arte de Alfredo Correia, miradas que se embriagan con los matices entre un acertado diseño de vestuario, maquillaje y estilismo de Freddy Mendoza y un armónico juego cromático alcanzado por la iluminación de Valentina Sánchez

Izquierdo también estuvo con Correia en el diseño de escenografía; y en el diseño en gráfico, con Omar Molina. Contaron con la producción de Ángel “Chucho” Rey. Las asistencias de peinados, de escena, de producción y de dirección estuvieron a cargo, respectivamente, de Gabriel Scampini, Jorge González, Claudia Ayala y Valeria Puchetti, y Arelys González. La coordinación de prensa y medios la tuvo Patricia Aymerich y la fotografía, Juano Abreu.

Amarga tradición

Ch2_Elena (C. Godoy) impide que Tita se case con su eterno amor solo por mantener una tradicion familiar
Elena (Citlalli Gogoy) impide que Tita se case con su eterno amor, solo por mantener una amarga tradición familiar de finales del siglo XIX y principios del XX.

Como agua para chocolate dibuja un romance entre Tita (Carla Müller) —la menor de tres hermanas— y su novio de toda la vida, Pedro (Taba Ramírez), historia silueteada en la época de 1910 durante la Revolución mexicana y la caída de la considerada dictadura de Porfirio Díaz.

Desde que entra en escena Gertrudis (Irene Casanova) —la narradora del drama, quien se alimenta del diario de Tita— se puede sentir, en los primeros pasos de la actriz, que el frenesí de este amor trae consigo un desagradable sabor de boca, representado en el rojo intenso de la falda de su vestido, color simbólico de la pasión, pero igualmente de la sangre, de la tragedia, tragedia que cobra fuerza por una amarga tradición familiar que impide que Tita y Pedro sean felices juntos: la hija menor no se casa, está destinada a cuidar a sus padres en la vejez.

Para que esta principio familiar se mantenga vigente, juega un papel crucial Rosaura (Irene Casanova) —hermana mayor de la protagonista— y Elena (Citlalli Godoy) —madre de las tres y responsable del hogar luego de enviudar—, quien, no endulza esta agua para chocolate, sino que, con su salada prepotencia dictatorial, origina el punto de giro en toda esta historia que hace se le desgarre el alma a Tita, quien encuentra un soporte en su destino: el doctor Juan (Luis Ernesto Rodríguez), una luz entre tanta oscuridad.


Últimas funciones

Cada sábado y domingo se presentan a las 8:00 de la noche en el Trasnocho Cultural hasta el próximo 12 de junio. Aunque no está confirmado aún, podrían extender las funciones dos semanas más, asomó Izquierdo.


Dentro de tanto dolor también hay hondas reflexiones y se entrevé la posición feminista de la autora: predominio de mujeres en el relato, una mujer que sola lleva el peso de un hogar (metáfora, quizá, de una madre con hijos, abandonada por un hombre).

También se manifiestan las detestables consecuencias del egoísmo: todos los personajes querían llenar su necesidad, sin ceder a la petición del otro; esta reflexión la simboliza el doctor Juan, quien, por amor, permite que su amada sea feliz con otro y no con él.

Esta ambiciosa, osada y barroca propuesta de Izquierdo, no solo enmudece al espectador que sufre en las butacas; se asombra y se quebranta; sino que, desde las tablas, estremece y pone a vibrar a la tetera, el reloj de arena y el de péndulo, y otros decoraciones que vienen a ser testigos impávidos de los repentinos llamados de la muerte. Hay quienes sollozan en silencio así como el gramófono de la magistral escenografía, que llora sin que suenen sus lágrimas.

Como agua para chocolate-obra de teatro-Carla Muller y Taba Ramirez-fosforo
La historia de un romance que intentó encender el fósforo del amor y la pasión, y la muerte les apagó la llama.

Si desea apreciar los conmovedores contrastes de esta historia de amor que mantiene vigente su simbolismo en la actualidad, prepare para cada receta, cada escena, no solo el gusto y el olfato de sus sentidos, sino el de su corazón.

Descubra en ella la leyenda de la caja de fósforos: aunque nuestra vida este humedecida por las tempestades —cual caja de cerillos que al mojarse no sirve—, recuerde que, ante el dolor o la desesperanza, solo usted, con un positivo espíritu de lucha, puede encender su llama y contagiar a otros con su fuerza; y además hoy, cuando el país atraviesa por situaciones difíciles, a los venezolanos nos tocará mantener encendida la siguiente máxima que Esquivel retrata en su obra maestra: “reír también es una manera de llorar”.


Esta entrega especial fue publicada el pasado 23 de mayo en la sección Cultura del Correo del Orinoco.

Obra teatral ‘Los ciegos’ invita al espectador a descubrirse y valorarse

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Leonardo Bruzual Vásquez


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Los actores estuvieron preparándose casi tres meses en una obra que los sacó a todos de su zona de confort, aseguran. Jesús Hernández (al fondo), Miling Cabello (izquierda), Valeria Castillo (derecha). | Fotos: Héctor David Rodríguez

 

No saben si es de día o de noche. Creen que están a la sombra del sol o de la luna. En sus conversaciones retumban algunas sonrisas empachadas de ironía. Creen que hay estrellas y las oyen. No saben lo que son porque jamás han visto y, aún así, para ellos “los ojos saben más que las manos”. Son Los ciegos, quienes se presentaron en su primera temporada durante el mes de abril en Caracas.

La obra de teatro escrita en 1890 por el dramaturgo belga Maurice Maeterlinck (Premio Nobel de Literatura, 1911) fue adaptada a una versión más criolla por la venezolana, Lina Colmos, quien se interesó en la pieza en 2009. El montaje “es un espejo para que nos veamos”, dijo la licenciada egresada de la Instituto Universitario de Teatro, con posgrado en Francia.

“Tenemos un país hermoso y maravilloso, pero no lo queremos ver. Tenemos una historia rica, valiosísima (nuestra cultura, nuestro sincretismo). Le tenemos miedo a nuestro color, a nuestras fortalezas, a nuestras esperanzas; las matamos”, sostiene Olmos.

El artífice del relato, asegura Lina, propone con que “no necesitamos de la iglesia para ser libres; pero fui un poco más allá, porque creo que nos atamos a conceptos, preceptos, clichés”. En este simbolismo rico en metáforas también la protagonizan extractos de la novela Ensayo sobre la ceguera, del brasileño José Saramago, “para dejar ese mensaje de lo importante que somos como alma, como seres humanos, y de no desdibujarnos en la sociedad, de no perder la esencia que tenemos”, argumentó.

Obra de teatro-los ciegos-grupo repico-Unearte-Lina Olmos_actriz Juliana Cuervos
Los ciegos esperan ser salvados por un mesías en una isla donde están atados a sus miedos. Al fondo, la también actriz de cine Juliana Cuervos (Brecha en el Silencio [2012], La Gran Pelea [2016]).

¿¡Dónde estamos!?

La sala Horacio Peterson de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte) se impregnó de un olor a paja seca, fragancia que resalta el humo destilado por los inciensos que duraron encendidos los 55 minutos de desarrollo de la pieza teatral. Cierran la puerta del salón con 56 espectadores dentro, y Adolfo Nittoli, uno de los protagonistas, exclama: ¡¿Aún no vuelve?! Comienza la historia.

Los ciegos —amarrados con una cuerda (metáfora de sus miedos)— se arrastran para tantear aquel lugar con lo único que les permite ver, sus manos. Escuchan sonidos que sus oídos “vislumbran” con terror. Una mandolina tocada por una de las ciegas y otros tantos instrumentos que cuelgan de los harapos y del cuello de otro personaje forman una especie de banda sonora con aires al nororiente venezolano, y acompañan la musicalización original de Stefano Mavridis y Rafael Nieves.

Siete reflectores anclados al techo de la sala —uno, medio ciego también— en armonía cromática con de cinco antiguas lámparas de vela —dos de ellas sin corazón, sin llama—, apuntaban su fulgor a la alfombra de hojarasca que fungió como un espejo refractario para iluminar con cierta tenuidad la escenografía de Oriely Brizuela que asemejaba una isla: la isla de Margarita, asegura Olmos, de donde es oriunda.

Un mamotreto de palos, ramas y sillas forman una torre esquelética en el centro del escenario donde reposa una cabeza decapitada: emula a un muerto. Alrededor del armadijo giran los ciegos con sus osados parlamentos tratado de saber dónde están y adónde se fue quien los llevó allí.

Discuten sin parar bajo una tormenta de rezos —voces en off; dos poemas: Los ciegos, de Charles Baudelaire, y Canción XII, del mismo Maeterlinck—. Se quejan entre llantos y alaridos por su desgracia. Esperan ser salvados por un “mesías”. Ante su inexorable realidad, al darse cuenta que entre ellos hay una persona sin vida, no pierden las esperanza de salir de aquel bosque, pero necesitaran de sus otros sentidos para liberarse de la oscuridad en la que están anclados por sus propios miedos.

Obra de teatro-los ciegos-grupo repico-Unearte-Lina Olmos_actor Afolfo Nittoli
En la escenografía predominan los colores madera en contraste con tonos blancos. Al fondo, el actor Adolfo Nitolli, representando al primer ciego de nacimiento.

Reparto

Originalmente hay 12 protagonistas, pero en esta versión son seis actores quienes encarnan a los personajes, cuatro de ellos integrantes del Grupo Teatral Repico (DTR): Valeria Castillo, Karolains Rodríguez, Miling Cabello y Nittolli; y como invitados, Juliana Cuervos y Jesús Hernández. La directora considera que “somos ciegos de alma”. La producción estuvo a cargo de Consuelo Trum, presidenta del Grupo Teatral Repico (DTR). Respectivamente, asisten la dirección y producción del montaje Paola Cedeño y Luigin Preteroti.

Se prevé que la propuesta de Olmos —quien se estrena como directora— sea presentada sobre las tablas del Centro Cultural Chacao en julio, y en el BOD en agosto y septiembre. La profesora cree que esta pieza teatral es la primera vez que se realiza en Venezuela.

Si el espectador quisiera disfrutar de dos funciones al mismo tiempo, bastaría con cerrar los ojos durante un corto momento para que escuche las mismas voces, pero con otros rostros, otros dolores, en otro escenario. Muy probablemente ese personaje que le hace falta a la historia sea usted quien quedará mudo ante las envolventes actuaciones de estos seis invidentes —que no le miran, pero usted sí— tratando de escapar aterrados de un infinito vacío oscuro: la ceguera de sus almas.

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La actriz Karolains Rodríguez, con su atrevida interpretación, representa a la consciencia con un personaje lleno de muchísima energía, «la Loca».

In memoriam a Sequera

Esta adaptación es un homenaje al escenógrafo venezolano Rafael Sequera, quien fallecería en enero de 2016 e impulsaría a dirigir un proyecto teatral por primera vez a Lina Olmos, quien considera “prudente” la propuesta en esta época de crisis que atraviesa el país y cree que “el teatro tiene el de poder de hablar y conmocionar; es su responsabilidad”.

Esta información fue realizada por la versión impresa del Correo del Orinoco.

‘El árbol de la vida’, obra de teatro 100 % elenco down

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Leonardo Bruzual Vásquez


 

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Los más pequeños disfrutaron la obra en primera fila en Pdvsa La Estancia


Un grito lleno de alegría explota en la garganta emocionada. El aplauso fuerte y sincero que nace desde las palmas de un espectador atrapado en cada movimiento de los protagonistas. La pizca de lágrimas en los ojos que se aguaraparon al final de la función. El chillido agudo de los más pequeños, sentados en primera fila sobre el piso, con las piernas cruzadas. Cada una de estas expresiones también formaron parte de la pieza teatral El árbol de la vida.

Estas demostraciones de afectos y asombro del público fueron tan especiales como los actores y actrices de una puesta en escena “cien por ciento elenco down”, resalta su directora, la también actriz Juliana Cuervos. Fue presentada el pasado domingo 10 de abril en el Centro de Arte Pdvsa La Estancia, Chacao, Miranda, institución que conmemoraba el Día Mundial del Síndrome de Down (21 de marzo).

45 integrantes, entre niños, jóvenes y adultos —con promedio de edad de 25 años, acotó Cuervos—, demostraron con su particularidad lo que estuvieron practicando durante un año académico en la asociación civil sin fines de lucro, Apoye, fundación que comenzó hace 16 años con siete miembros y que actualmente ya cuenta con 67, informó su directora Salua Buendía.

 

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45 jóvenes y adultos down protagonizaron la trama en Pdvsa La Estancia

—¿Cuál es el mensaje que se buscan dar con la obra?
—Que nadie puede mandar en el corazón de las personas. También busca demostrar el ejemplo positivo, optimista y la orientación al logro. Creo que el mensaje sería que el trabajo de las personas habla más que muchas palabras, y que le evolución y el desarrollo de las personas está en la acción positiva —sostiene la licenciada en teatro.

 

—Por ahí vi lágrimas en los ojos. ¿Cómo te sientes, como directora, al lograr impactar en el público de esa manera?
—Lo que me gusta es que estamos desmitificando y desmontando la idea de que (las personas con este síndrome) son personas incapaces; al contrario, estamos reforzando el mensaje de la capacidad, de la autonomía (que ellos tienen); y además de un mensaje importantísimo que nos están dando constantemente: y es que con amor genuino y honesto podemos lograr las cosas.

Cuervos espera que esta pieza —que se estrenó en 2013 y está en el repertorio de la Compañía de Teatro Down— pueda ser llevada a varias partes del país. Asimismo, tienen como meta llevar este tipo de trabajos al Festival Nacional de Teatro, que a estas personas se les abra una categoría para poder concursar en eventos nacionales con sus obras maravillosamente especiales como sus “corazones puros que aceptan malicia”, comenta Carmen Millán, madre de una joven down.

En el corazón no se manda

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La pieza teatral cuenta con un elenco 100 % talento down

La historia se centra en una princesa que está enamorada de un príncipe que ha dejado de quererle. Cuando ella le pregunta al ‘Árbol de la Vida’ por que su enamorado no la quiere, él le responde: “Yo no puedo mandar en el corazón de los hombres”.

 

A partir de esa premisa, se desarrolla la trama donde el aventurado príncipe debe realizar varias tareas para recuperar el amor robado por la maldad en su corazón, pero tendrá que vencer una serie de obstáculos para lograr, con el apoyo de los buenos del cuento, concretar su idilio con su amada.

Payasos, brujas, un árbol, sus ramas, una diosa protectora, cisnes, lobos, robots, unas lunas gimnastas artísticas, la princesa, una malévola vieja y el villano con su característica voz gutural que no pueden faltar, hasta un marciano de traje fabuloso, forman parte del repertorio; ¡ah! y un peculiar trío de obsesionadas lavanderas vestidas con harapos sucios cuya misión es mantenerle impecable el traje al príncipe, que restriegan al son del ¡chiquichiquichí!-¡chiquichiquichá! de La mazucamba, tema del sonero del mundo Oscar D’León.

Por eso el teatro, más allá que una pantalla grande bidimensional, siempre tendrá esa particularidad de conectarse con el auditorio al que le florecen las emociones en tercera dimensión sin necesidad de unos lentes especiales, y en esta oportunidad tuvo una dimensión tan especial como su electo, los actores y actrices de la Fundación Apoye, quienes crearon El árbol de la vida de manera colectiva junto a su profesora.

Esta información fue realizada para el Correo del Orinoco.