Impact Hub Caracas celebró su 4.to aniversario con un foro sobre resiliencia

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Con un exquisito café oriundo de la Colonia Tovar, que el barista de Bila Caffè vistió de espuma para brindarlo como un «marroncito» o un «con leche», inició la celebración del 4.to aniversario de Impact Hub Caracas. Mañana del viernes 18 de mayo, 2018.

|| Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez.


4to aniversario impact hub caracas Torre Parque Avila
Cierre del 4.to aniversario de Impact Hub Caracas el viernes 18 de mayo, Chacao.

Luego del Café Networking, en el que los invitados se dejaron seducir por unos dulces con la esencia que hace recordar a cualquier abuela repostera, y unos pasapalos bien presentados con la mística gourmet de un chef cosmopolita, se dio inicio a la cita: el Conversatorio Hablando de Resiliencia.

Diferentes personalidades del emprendimiento, la cultura, el entretenimiento, los derechos humanos y medios de comunicación dejaron atrás, en la sala de estar, el aroma recién cola’o del café y el canela perfume de los bocadillos, para disfrutar del foro.

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Crónicas Cruzadas en el Metro de Caracas | La corrupción hizo metástasis en Venezuela

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En el sobre color mostaza se lee: “calle Andorra”. Lo sostiene un hombre de estatura baja, quizás un metro sesenta. Piel encarrujada, escasos vellos en los brazos. Un poco más de sesenta años. Desgastada, su camisa azul oscura atravesada por líneas rojas. Desgastada y sucia, su boina de tela con líneas cruzadas blancas y grises. Desgastados “jeans”, azul desgastado, pálido azul. Desgastados y rotos zapatos deportivos, negros, con remiendos. ✍️ Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez |||

Una mujer sin cabello, bolso muy grande colgado del hombro derecho. Lentes negros muy oscuros, como de soldador. Blusa de flores. Pantalón holgado. Miraba arriba, a los lados, abajo, a los lados otra vez. Sonrisa desgastada.

A un paso del hombre sostenido del tubo superior del vagón, distante de la mujer con algunas manchas en el cuero cabelludo, pensaba Noel Odra: «El cáncer y la corrupción son la misma enfermedad: uno, carcome a la persona; otro, hace metástasis en toda una nación. Y el cordón que los une puede ser tan corto como las tres personas que separan a un hombre y una mujer que no se conocen».

La vida le dibujó aquella escena a Odra entre las estaciones Chacao y Chacaíto del convulsionado y agonizante Metro de Caracas.
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📌 Apostillado:

Un olor rancio a pasillos de hospital sucios, de ropa vieja y mal lavada, viajaba en forma de vaho dentro del vagón chirriante. Se inyectaba en la nariz y le hacía arrugar el rostro a Noel Odra aquel 13 de abril 2018.

La piel encarrujada del hombre y las ganas de vivir de la mujer que luchaba con esta enfermedad trajo a la de Noel Odra aquella anciana de cabello color cemento que también luchaba por llevar un bocado de comida a casa en la avenida San Juan Bosco de Altamira, en Caracas. ¿Se le habrá apagado por fin la voz tenue a la pobre viejucha?, pensó Noel.

#CronicasCruzadasLBV 🔀

¿Cuántos años tarda en envejecer el alma?

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Él es el señor Ramón, quien está por tocar el filo de los 80 años, cada domingo recorre parte de El Ávila, como se conoce popularmente al Parque Nacional Waraira Repano. Dice que eso lo mantiene vivo. Dice que le da fortaleza. Dice…

||| Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez

Sentado en un tronco que no le quedó de otra para seguir viviendo que fungir como banco en el bulevar Marqués del Toro, sector San Bernardino, Caracas; lee la prensa para mantenerse al día. Siempre compra el periódico en un pequeño quisco cerca de su casa y va a un lugar tranquilo a leerlo. Vive muy lejos de ese lugar de fríos buenos aires, donde la hojarasca y el cantío de las aves risueñas dibujan un melódico retrato sonoro.

Pasé a su lado y el viejo me regaló su sonrisa de pocos dientes pero de mucha alegría y vitalidad. A su lado lo acompaña, como amigo inseparable, una vara gruesa cual bastón que le sirve de sostén en el largo y lento camino que le toca por andar.

¿Cuántos años tiene una vida? ¿Cuántos años tiene un anciano que emana de sí un espíritu jovial y las ganas de seguir viviendo? ¿Cuántos años tarde en envejecer el alma? ¿Cuántos años…

⇒ Se lee en los apuntes de la libreta de anécdotas de Noel Odra
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Detrás de la foto: Ramón lee un periódico estatal en San Bernardino, Caracas, diciembre 2017

Crónicas Cruzadas 4 | El penúltimo robo (I)

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||Escrito en primer persona. Esta vez Noel Odra no se enteró de lo que pasó…


¡Aquel jueves por la tarde, llovía! Hacía ejercicios para distraer el alma y fortalecer el delgado cuerpo, delgado por el hambre. La melancolía del cielo traía consigo —más adelante lo supe— una pérdida sin precedentes para mí. De repente, se desdibujó mi sonrisa. El pertinaz rocío pasó a ser una tormenta de preocupaciones en mi mente: se llevaron las llaves del apartamento que no es mío, las gafas, mis documentos personales, y muchas de mis pertenencias.


—¿Cómo estás? —Estoy, porque hoy otros no están, ni estarán.
Esta crónica se escribe con felicidad, a pesar del…

|||Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez


«La gente te mira. Vas por la calle, y te mira. Caminas por la hedionda estación del metro, metro cansado de llevar y traer a tantos que perdieron el sentido común y los valores de convivencia; y te siguen mirando. Entras al vagón, y te miran. Subes las escaleras mecánicas detenidas —así como descompuesta y dañada está la sociedad con ronchas carcinógenas de estrés e ira—, «te tiran el ojo”, te miran. Te ríes en la mesa sin el café, y te miran. Acompañas a un amigo a fumar, nos ve el pregonero evangélico, nos bendice y nos exclama «¡Cristo te ama!», nos miran. Vas de regreso a una alcoba prestada con cilindro nuevo [por un «por si acaso», vamos a cambiar la cerradura; no vaya a ser que, por mal café, encuentren el apartamento y se metan] y te siguen mirando. Llevas lentes de sol en la tenuidad del día, entristecido día; corres para tomar el bus, «¡¡permiso, permiso!!», y la gente… te mira.

Mientras caminaba de regreso, cabizbajo, al departamento en Altamira, pensé: «Bueno, al menos los lentes de sol de segunda se salvaron». Estos se me quedaron en la habitación junto al pequeño y viejo teléfono móvil en desuso que me prestó mi padre, después de que una mujer, cuya barriga se le salía de la blusa, me lo quitara en un bus al haberme quedado dormido [ese había dejado de ser mi penúltimo robo]. La greñuda era mi vecina de viaje.

Y al son de pasos tristes, con una sonrisa forzada para no dejarme ver la derrota que me hacía chirriar los dientes, continué mi camino diciéndome al fuero interno:

«No miran que el vivo color naranja de la camisa de cuadros pequeños —o de rayas cruzadas que hacen cuadritos— lleva alguna pena o desilusión, es un naranja mojado por la lluvia vespertina repetida [¡cómo ha llovido!] con el mismo síntoma a la de la mañana y a la de ayer. «Si no hubiese llovido, no me hubiesen robado», pensé. No miran que los lentes de sol escarapelados son para tapar los cristales de impotencia. No miran que llevas dibujada una sonrisa que es combustible para seguir adelante en el país indómito; sonrisa que lleva tinta de recuerdos, recuerdos que mantienen la sonrisa viva, vivos momentos que solo tú sabes cómo fueron, de sabores y aromas que extrañas por la crisis; sonrisa que es el destello de luz en tus vericuetos episodios oscuros. No miran que, tras la garúa matutina, los zapatos se curten de sucio con las salpicaduras de charco. Esperaba en una la fila para la foto de una nueva cédula de o, pienso, sin identidad en un país donde manda lo incorrecto, el desastre. «Se llevaron mi cédula, ¿adónde habrá quedado mi identidad?», pensé. Tuvieron que pasar más de seis horas para que se diera el encontró mío con foto tomada por una de las cámara que no estaba dañada, más de seis horas «porque el sistema estaba lento y estaba caído», aseguraban los del Servicio Autónomo de Identificación, Migración y Extranjería, mas nadie le dice así, se le conoce como Saime».

Mientras esperábamos en la cola del Saime, decía una señora que viaja con frecuencia al país del norte —tan odiado y amado Estados Unidos— que allá en el imperio «estos trámites son rapiditos» y no se te iba la vida en colas, colas y colas, como en las sempiternas colas por comidas, medicamentos, baterías y cauchos para los carros, duras y soleadas colas para comprar un suave y caliente pan. Sí, en muchas panaderías únicamente, por persona, una «canilla» —como le dicen en Venezuela al pan largo—. Decía mi mente: «Yo quisiera vivir en un país con apenas algunas reglas como las del norte, pero que quedara en este sur que perdió su brújula y su norte». Ojalá aquí las cosas funcionaran al menos con un diez por ciento de lo que funcionan en el país de las barras y las estrellas. En Venezuela, actualmente, y desde hace un rato largo, es norma, es ley, la anomia. De hecho, ya muchos empiezan a anexar en su vocabulario esa palabra.

—¿¡Cómo es eso que te robaron!? —te pregunta la gente, como si se tratase de un incidente ajeno al anárquico país de políticos malcriados que juegan a la casita de muñecas a ver quién se queda con el Ken—.

Después del “¿cómo amaneciste?”, toca responder:
—Amanecí. Al menos eso es bastante.

Y cuando me preguntan “¿cómo estás?”, en milésimas de segundos pienso qué responder para no decir el tan trillado «bien». Entonces me sale de la musa retorcida:
—Estoy, porque hoy otros no están, ni estarán.
—¡Cóntrale, vale!, ¡qué chimbo eso, qué desagradable!
—En un país anormal, no pueden suceder cosas normales —lancé la frase con el filo de un bisturí. Quien la oye, me asiente con la cabeza.
—Tienes razón —dijo.

Robos masivos

No fue un atraco, solo fue una nauseabunda y putrefacta necesidad de un delincuente indetectable, con la astucia de una ardilla y la flexibilidad de una rata, con las manos llenas de miseria, negras como el pie diabético que se pudre en el hospital sin camillas, sin medicamentos, recintos con peor olor que el del subterráneo [casi 80 por ciento de los centros de salud venezolanos presenta escasez de medicamentos, informaba tempranito en la radio un médico superhéroe]; manos manchadas de sangre seca como la de las aceras, manos que solo buscaban —lo más seguro— un celular de última generación, nada más; manos de un pusilánime que juega al fútbol para distraer su vicio o para esperar cazar a su próxima presa. Ayer yo y otro lote de gente más. ¿Quién será mañana?

En la tarde del día siguiente, una amiga me comentó que en el programa radial de la reconocida periodista Vanessa Davies, la comunicadora comentaba sobre los masivos robos y atracos en el Francisco de Miranda, conocido popularmente como Parque del Este, Gran Caracas; un espacio, por cierto, militarizado: con uno que otro soldado vigilando por aquí y por allá, un soldadito mirando el celular.

La culpa es del sistema

Un excompañero de trabajo, periodista amante de lo abstracto, alocado poeta buena gente, seguidor del fallecido «mesías socialista» venezolano que sembró esperanzas en los pobres sin esperanzas, diría que la culpa no es de quien robó, la culpa es del «sistema», un sistema donde el ratero aprendió el Padre Nuestro del hurto como pan suyo de cada día, un sistema donde la felicidad de muchos se desvanece y los policías son ladrones que roban a vendedores informales.

Parece que este sistema hace abandonar los cuadernos a cambio del hierro que mata y que les da cierto «prestigio» a los adolescentes frente a los chamos de la banda, hierro que hace que las carajitas del barrio se sientan seguras al lado del novio malandrín con pistola y moto, un «jevo» (novio) que les mete las lleva de paseo en su motocicleta, con falditas cortas, sin pantaletas, ¡muchachitas hijas de su madre! [«o sin madres, porque una madre no las dejaría, ¿o sí?», pienso], pendejas que también cambiaron un pupitre por una sala de parto, por tener una barriga gorda y unas piernas flacas, esqueléticas, porque se dejaron meter el hierro caliente que les disparó semen [«carajitas criando a carajitos», pienso], un sistema que enluta a madres con corazones rotos…

«¿A qué edad morirá o matarán a ese malandrín que se llevó el bolso? El malandrito lo único que sabe es robar, mentir, matar. ¿Vivirá más que yo que sé escribir, locutar, enseñar y crear?». Otro pensamiento que se debate entre la impotencia, la rabia, la arrogancia y la intolerancia.


manos que piden-manos sucias-manos negras
«Hay manos que piden, hay manos que roban; hay las que crían y hay las que crean; hay las que siembran, hay manos que escriben». LBV | Foto: archivo. Autor desconocido

Apenas me quedé con una botella de agua casi vacía tras el penúltimo robo. Me quedé con el sinsabor convertido en frío sudor sobre la ropa deportiva, con mis zapatos desgastados, cansados; con unas fervientes ganas de gritar, disimuladas por la sonrisa en mi rostro. ¡Solo se robaron un bolso con cosas!, ¿¡qué tanto!? «¡Ay, tan bueno ese bolso!», manifestó mi madre a través una llamada a larga distancia.

En la bolsa deportiva se fue también el sobrecito de azúcar que me había quedado de una cita con un filósofo —tipo brillante por además—, que tenía previsto endulzar el cafecito del fin de semana, café que ahora tiene que ser guayoyo para muchos venezolanos que sufren la escasez, una taza llena de pensamientos y reflexiones tras cada sorbo, como el café alucinógeno bajo el techo escarapelado.

Aquel jueves gris se llevaron todo. Me dejaron desnudo sin quitarme la ropa, pero no se llevaron mis ganas de seguir adelante, de cumplir mis metas. Tampoco se robaron mi sonrisa que hace ver a los que miran que no ha pasado nada. Y es la verdad, no-ha-pa-sa-do-na-da. El mundo continúa girando. Ayer murieron unos cuantos en manos de asesinos, de psicópatas, de enfermos por la guerra, fallecidos que son culpa del sistema; pero, para el mundo, no pasó nada; por eso, la vida continúa tras la buena fortuna de quienes continuamos vivos.

«Cuídese mucho, por favor, mire que los buenos somos pocos y no quiero quedarme solo…». Aquella frase me la regaló, con una sonrisa Duchenne, un adorable abuelo nacido en Vietman, unos par de días después del penúltimo robo; un anciano noble que me lo trajo la lluvia de esta mañana, que esperaba en un banco bajo un árbol flacuchento como el ciego del metro, un árbol que se resiste a morir en la Venezuela donde mueren más de 20.000 personas por homicidio, según el Observatorio Venezolano de Violencia. Ese agosto fue el mes más violento en los últimos tres años.


Apostillado

La gente que te mira no te mira el bolsillo donde sólo tenía 150 bolívares (0,15 centavos de dólar, según la economía actual). El dinero no era mío, sino de la bondadosa vecina. Me había dado 160 bolívares, pero 10 se los di al ciego, otro de los tantos, que pedía en el metro de Caracas, hombre enjuto guiado por su instinto y por un joven que lo sostenía de los hombros, adolescente con la melancolía de la Pietà de Miguel Ángel o la Piedad del Vaticano, melancolía de un cielo enladrillado sin un sol que lo desenladrille, apática melancolía amasada con nostalgia, melancolía por las fotos familiares que quedaron en atrapadas, sin guardar, en el celular; tristeza que vino a mí como la tristeza en el rostro de la anciana, la que vieron miserables.

Señora Delincuencia, está bien que me robar el bolso con todos los macundales, pero que no le he permitido a esta señora que vuela cual fantasma por todo el país que me robe mi alegría.». Así  finalizaba la carta que Noel Odra envió a su mejor amigo.


«Esto solo le pasa a un pendejo en un país de corruptos», pensaba obra mientras caminaba, no mirando al piso, sino sonriendo, aun con la sonrisa pesada.

Una tradición familiar hace que el amor tenga sabor como a agua para chocolate

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En cada receta hay amargos momentos,
mezclados con hondas reflexiones


La pulpa del fruto del cacao es envidiablemente dulce. En realidad, lo amargo en todo este cuento es su semilla, semilla que pasa por un proceso de fermentación, cociéndose al sol en su propio jugo, y después de otros detalles industriales nace el chocolate, que el consumidor puede degustar en varias presentaciones dependiendo del porcentaje de azúcar o leche que contenga.
||| Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez.

Ch1_Los actores Taba Ramirez y Carla Muller son los protagonistas de esta historia de amor imposible
Los actores Taba Ramírez y Carla Müller le dan vida a los protagonistas de esta historia de amor imposible. ||| Fotos: Juano Abreu

Hay una versión con 100 % del “manjar de los dioses” (como se le conoce al cacao); sin saborizantes, sin nada; cuyo amargor solo le resulta apetecible a particulares paladares. Así de amargo es un romance inalcanzable en Como agua para chocolate, novela escrita en el decenio de los 80 por la mexicana Laura Esquivel. Ahora, en la innovadora adaptación teatral del joven director Julián Izquierdo Ayala, esta historia se endulza un poco con una pizca de humor venezolano.

Gracias a este reajuste que recibió la asesoría del dramaturgo criollo Fernando Azpurua, el público de la Gran Caracas viene disfrutando cada sábado y domingo, —desde el pasado 16 de abril—, la segunda temporada de esta puesta en escena que también se edulcora con el aplauso de quienes se han estremecido, incluso llorado, en las butacas del Teatro Trasnocho Cultural, Baruta.


35 idiomas

Como agua para chocolate (la obra literaria) ha sido traducida a 35 idiomas. Este best seller, con más de 7 millones de ejemplares vendidos, también tiene una versión cinematográfica. Está consagrado como el libro que más ha logrado vender una escritora mexicana. Según reseñas de distintos medios, el año pasado se celebró cinco lustros de aniversario.


Ya en México y España han hecho una modalidad para teatro de esta dura historia «del amor en tiempos de crisis», asegura Izquierdo. Pero fue en enero pasado —en el II Festival de Jóvenes Directores (Caracas)— cuando se inauguró el montaje que agotó todas sus funciones a pesar de no haber ganado, destacó el también actor de 29 años.

En esta cita, justo antes de entrar a la función, recibes el menú con un impecable diseño gráfico. Desde ese momento, se puede apreciar que hay un equipo preocupado por cada centímetro de la deliciosa pieza teatral. Es por ello que el director expresa que ha sido “un honor” y «una suerte» trabajar con profesionales pendientes milimetricamente de cada detalle que vigilaron, incluso, los movimientos coreográficos (a cargo de Taba Ramírez [también en la dirección creativa]).

La ambiciosa propuesta permite que su espectador se sumerja con la exquisita y hasta un tanto burlesca música, original de Juan Pablo García. La mirada del auditorio logra hipnotizarse gracias a la achocolatada y magistral dirección de arte de Alfredo Correia, miradas que se embriagan con los matices entre un acertado diseño de vestuario, maquillaje y estilismo de Freddy Mendoza y un armónico juego cromático alcanzado por la iluminación de Valentina Sánchez

Izquierdo también estuvo con Correia en el diseño de escenografía; y en el diseño en gráfico, con Omar Molina. Contaron con la producción de Ángel “Chucho” Rey. Las asistencias de peinados, de escena, de producción y de dirección estuvieron a cargo, respectivamente, de Gabriel Scampini, Jorge González, Claudia Ayala y Valeria Puchetti, y Arelys González. La coordinación de prensa y medios la tuvo Patricia Aymerich y la fotografía, Juano Abreu.

Amarga tradición

Ch2_Elena (C. Godoy) impide que Tita se case con su eterno amor solo por mantener una tradicion familiar
Elena (Citlalli Gogoy) impide que Tita se case con su eterno amor, solo por mantener una amarga tradición familiar de finales del siglo XIX y principios del XX.

Como agua para chocolate dibuja un romance entre Tita (Carla Müller) —la menor de tres hermanas— y su novio de toda la vida, Pedro (Taba Ramírez), historia silueteada en la época de 1910 durante la Revolución mexicana y la caída de la considerada dictadura de Porfirio Díaz.

Desde que entra en escena Gertrudis (Irene Casanova) —la narradora del drama, quien se alimenta del diario de Tita— se puede sentir, en los primeros pasos de la actriz, que el frenesí de este amor trae consigo un desagradable sabor de boca, representado en el rojo intenso de la falda de su vestido, color simbólico de la pasión, pero igualmente de la sangre, de la tragedia, tragedia que cobra fuerza por una amarga tradición familiar que impide que Tita y Pedro sean felices juntos: la hija menor no se casa, está destinada a cuidar a sus padres en la vejez.

Para que esta principio familiar se mantenga vigente, juega un papel crucial Rosaura (Irene Casanova) —hermana mayor de la protagonista— y Elena (Citlalli Godoy) —madre de las tres y responsable del hogar luego de enviudar—, quien, no endulza esta agua para chocolate, sino que, con su salada prepotencia dictatorial, origina el punto de giro en toda esta historia que hace se le desgarre el alma a Tita, quien encuentra un soporte en su destino: el doctor Juan (Luis Ernesto Rodríguez), una luz entre tanta oscuridad.


Últimas funciones

Cada sábado y domingo se presentan a las 8:00 de la noche en el Trasnocho Cultural hasta el próximo 12 de junio. Aunque no está confirmado aún, podrían extender las funciones dos semanas más, asomó Izquierdo.


Dentro de tanto dolor también hay hondas reflexiones y se entrevé la posición feminista de la autora: predominio de mujeres en el relato, una mujer que sola lleva el peso de un hogar (metáfora, quizá, de una madre con hijos, abandonada por un hombre).

También se manifiestan las detestables consecuencias del egoísmo: todos los personajes querían llenar su necesidad, sin ceder a la petición del otro; esta reflexión la simboliza el doctor Juan, quien, por amor, permite que su amada sea feliz con otro y no con él.

Esta ambiciosa, osada y barroca propuesta de Izquierdo, no solo enmudece al espectador que sufre en las butacas; se asombra y se quebranta; sino que, desde las tablas, estremece y pone a vibrar a la tetera, el reloj de arena y el de péndulo, y otros decoraciones que vienen a ser testigos impávidos de los repentinos llamados de la muerte. Hay quienes sollozan en silencio así como el gramófono de la magistral escenografía, que llora sin que suenen sus lágrimas.

Como agua para chocolate-obra de teatro-Carla Muller y Taba Ramirez-fosforo
La historia de un romance que intentó encender el fósforo del amor y la pasión, y la muerte les apagó la llama.

Si desea apreciar los conmovedores contrastes de esta historia de amor que mantiene vigente su simbolismo en la actualidad, prepare para cada receta, cada escena, no solo el gusto y el olfato de sus sentidos, sino el de su corazón.

Descubra en ella la leyenda de la caja de fósforos: aunque nuestra vida este humedecida por las tempestades —cual caja de cerillos que al mojarse no sirve—, recuerde que, ante el dolor o la desesperanza, solo usted, con un positivo espíritu de lucha, puede encender su llama y contagiar a otros con su fuerza; y además hoy, cuando el país atraviesa por situaciones difíciles, a los venezolanos nos tocará mantener encendida la siguiente máxima que Esquivel retrata en su obra maestra: “reír también es una manera de llorar”.


Esta entrega especial fue publicada el pasado 23 de mayo en la sección Cultura del Correo del Orinoco.

Rostros retóricos 1 | Amarga y dulce vejez

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Primerísimo primer plano

La grama que absorbe penas y alegrías sirvió de mantel para que dos abuelitas, una más grata que la otra, se apartaran del bullicio de una contaminada ciudad para hablar con aires frescos de mayo como un adolescentes del siglo XX, en el siglo XXI.
||Pluma: Leonardo Bruzual Vásquez

 

Primer plano

El tiempo se llevó su niñez, su juventud, su mocedad. Una espera que su teléfono, que ya no es de disco, le permita drenar sus angustias [¿querrá gritarle?] o está propiciando que a ella llegue una llamada devuelta, o perdida; perdida como su mirada fija en la pantalla. La otra, nadando en el césped, espera, quizás, que la llamada del amor, amor ido un día como ese seco día de mayo, le pinte su sonrisa, le alegre la vida, le reviva los años, le pinte los labios. Mojada del agua verde olivo aguarda sin prisa, sin llenarse de engaños.

 

Plano medio

A esta, a la de la mirada hundida en la esperanza, la brisa sin fuerza le mueve un tanto el cabello pintado color «vejezepia». A esa, a la de la lavativa digital en la mano, el sol le pegó en la testarudez de su vejez, le frunció más el ceño otra vez; y el tiempo le manchó poco a poco [¡ay tempo loco, loco y tosco!] la cara de arrugas color verrugas; poco a poco como la ura.

 

Filosofía gran angular

Hay quienes en la vida son felices sin tener mucho o nada en mano, mientras otros, con algunas o muchas comodidades —que «lo tienen todo» quizá—, viven con soberbia, ven por encima del hombro, sufren sus derrotas y se les amarga un señor en su interior de nombre «ser humano»; se les achicharra el alma como una pasa vencida, alma que muere de «enviejecida», una enfermedad obligada del tiempo con la que el espíritu se oxida, sí, pero también te carcome la humanidad preñándote el ser de lombrices con sida…


Obturador retórico

La vejez no debe ser sinónimo de amargura.


||  Foto: Leonardo Bruzual Vásquez | Charlaban de sus menesteres en un césped sin manchas de Caracas, Centro de Arte Pdvsa La Estancia, Chacao, Miranda. Domingo 15 de mayo, 2016.


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Quíntupla lírica revivió la voz de Alfredo Sadel en Caracas

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Concierto en homanaje a Alfredo Sadel-Dia de las Madres_Fundacion Arte & Opera-Museo del Transporte
Los cinco cantantes y el maestro pianista realizaron ad honorem este homenaje gratuito para las madres | Fotos: @LeoBruzual

Leonardo Bruzual Vásquez
10 de mayo de 2016.
Caracas.


“¡Qué bella cosa es un día de sol!” es la primera frase de la canción napolitana de 1898 ‘O sole mio (Mi sol), escrita por Giovanni Capurro, con música de Eduardo di Capua. Y en un domingo soleado, cómo no obsequiarle a las madres más chochitas y a las más contemporáneas el delicado sonido originado por el digitar de los dientes blancos de un piano vertical al compás de las pulidas voces líricas de una soprano y cuatro tenores, con las temas musicales más conocidos del venezolano Alfredo Sadel (1930-1989).

Este viaje a sus años mozos lo experimentaron cerca de 100 personas desde una nave iluminada con la luz de aquel mediodía, reflejada en los cristales de las fenestras: es el Salón Siglo XXI del Museo del Transporte Guillermo José Schael, Caracas, donde la Fundación Fonbienes, con la producción de la Fundación Arte & Ópera (de Cumaná), realizó un homenaje al cantante y compositor zuliano, para deleitar a las madres en su día.

La tesitura de las voces de la soprano Inés Arellano (Barquisimeto) y de los tenores Jesús Hernández (Caracas), Alberto Colmenares (Barquisimeto), César Barrera y Daniel Centeno (ambos de Cumaná) hicieron vibrar aquellos ventanales tan llenos de luz como los ojos cristalizados de las señoras vestidas de gala con elegantes peinados de plata.

Destacaron dentro del repertorio musical Aquellos ojos verdes, Besos en mis suelos, Júrame, Desesperanza, El hombre de hierro, Vereda tropical y El día día que me quieras, temas que también fueron cantados, al unísono, por las damas que acudieron a la cita que duró una hora aproximadamente —acompañadas de su familia y sus esposos— quienes tildaron la ceremonia de “espectacular” y “maravillosa”.

“Esto no tiene precio, ha sido excepcional. Hemos visto a un talento venezolano que muchas veces no conocemos y que tenemos que aprovecharlo más. Este tipo de conciertos hay que repetirlos, porque es una cosa que uno sale de aquí emocionadísima”, expresó la señora Yubiry Beitía, de Palo Verde, municipio Sucre del estado Miranda, quien lleva a su madre a este salón donde se presentan eventos musicales todos los domingos para el público en general, con entrada libre.


Concierto en homanaje a Alfredo Sadel-Dia de las Madres_Fundacion Arte & Opera-Museo del Transporte_Fausto Constantino
El organista Fausto Constantino digitó los dientes blancos de su piano vertical para armonizar el concierto

Considerando que “el tenor favorito de Venezuela” —como también se le conoce a Sadel— es “la voz más importante del país”, comenta Centeno, y “que dejó marcado a nuestros padres y abuelos”, la fundación cumanesa decidió atreverse a realizar su primera producción, que estuvieron planificando desde el año pasado y que tenían previsto hacer el día del natalicio del compositor zuliano (22 de febrero).

“Sadel es un ícono muy importante para nosotros como músico líricos”, sostuvo Barrera, quien reveló que el proyecto fue enviado también al Teatro Teresa Carreño, pero el Museo del Transporte les aceptó esta propuesta que, ese día, estuvo armonizada por es fulgor sonoro de las teclas del piano marrón con tapa abierta en manos del organista Fausto Constantino.

Finalmente, el público —embriagado de suspiros, alegrías y evocaciones— pidió una canción más, y fue así cómo culminó el espectáculo envuelto en papel de regalo con el aplauso de los presentes; aplausos y gritos que nacieron cuando se pronunció “sta ‘nfronte a te!” ([mi sol] “¡está en tu rostro!”), frase con la que yace el tema final que interpretaron, ‘O sole mio. ¡Qué bella cosa es un Día de las Madres lleno de sol!


Homenaje
en Cumaná

Cerca de 1.000 niños se forman en la Fundación Arte & Ópera —enlazada al Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela—, creada por los cumaneses César Barrera y Daniel Centeno, donde ellos son profesores de canto y de guitarra.

Próximamente, en Cumaná realizarán un evento con especialistas de este instrumento, Douglas Esteves Pomenta y José Luis Lara, en relación a los 100 años del nacimiento de Antonio Lauro, considerado como el gran maestro de la música de la guitarra, informó Centeno.


Este trabajo fue realizado para el Correo del Orinoco. Página 20. Edición 2.374. 10 de mayo, 2016.

Historiador venezolano asegura que esta ha sido la crisis «más dura» en 90 años

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Leonardo Bruzual Vásquez


SAMUEL-MONCADA_esta es la crisis mas dura que hemos tenido en los ultimos 90 años
Moncada, en una conferencia de historia en el Centro Nacional de Historia, Caracas, invitó al Gobierno nacional a aplicar «medidas extraordinarias». 5 de mayo, 2016. | Foto: Miguel Romero

El historiador y exministro de Educación (2005), Samuel Moncada, aseguró que es la primera vez que se vive una situación económica tan difícil como la actual en Venezuela en los últimos 90 años, y que si se ignora eso —y lo que ocurre en la calle— será más complicado todavía salir de ella.

“Yo no conozco, desde 1926 hasta hoy, una crisis más dura que esta”. Así lo expresó ayer en una conferencia de la cátedra Historia Insurgente sobre Federico Brito Figueroa, en el Centro Nacional de Historia, Caracas.

El experto se sustenta en tres aspectos fundamentales “que nunca habíamos tenido desde que se llevan récords (económicos)”, que “el 99 % de la población —tomando en cuenta que el resto supera los 90 años de edad— no ha visto lo que estamos viendo”.

En primer lugar, uno de estos indicadores sería “la recesión más larga de nuestra historia que nunca habíamos tenido” —tres años consecutivos 2014, 15, y 16, y podría continuar a 2017— “con el Producto Interno Bruto (PIB) cayendo”, lo que quiere decir que “casi el 30 % de nuestra economía se está evaporando”, apunta.

En segundo lugar, “la inflación más alta de nuestra historia —“la más alta hasta el momento había sido en los años 90, con la crisis bancaria, de unos 103, 104 %”—, argumentó el exembajador de Venezuela ante las Naciones Unidas.

Y en tercer lugar —aunque consideró que pueden ser “unas 50 razones”—, “la caída más abrupta de los precios del petróleo, por lo menos en los últimos 40 años: en 2014-15, se cayeron de 100 a 40 (dólares), y después cayeron hasta 20, y ahora (en la actualidad) ha rebotado un poco a 30”, lo que le ha dejado al país “77 millones de dólares mensuales”, a diferencia de la “súper bonanza de tres mil y tantos millones de dolares mensuales” de años anteriores, indicó.

“Desde que existen los récords (estudios económicos del BCV en los años 40, más o menos el 99 % de los venezolanos que estamos viviendo hoy), ninguno había visto esto”, afirmó Moncada, al tiempo que invitó al Gobierno nacional a aplicar “medidas extraordinarias”, “ante situaciones extraordinarias”.

Cree que con la renta petrolera que se mantiene actualmente “no se puede mantener nada de lo que se pudo hace 10 años”, como por ejemplo, compra de aviones rusos, “tener tres millones de pensionados y al mismo tiempo pagar Sidor dando pérdida. ¿Entonces, qué vamos a hacer? ¡Si no vemos la realidad en donde estamos, nos engañamos!”, por lo que destacó que “hay que crear unas nuevas bases, y tendrá que ser con un proyecto distinto porque no podemos gastar de la misma manera”.

El golpe

Ante esta realidad expuesta (sí hay una guerra económica, apuntó), y tomando en cuenta el malestar que manifiesta la población, Moncada dijo que de venir un golpe de Estado, nadie sabe de donde vendría, por la conspiración que existe constante entre los sectores económicos más poderosos del país y sus aliados con extranjeros.

Así como los principales factores económicos nombrados anteriormente, la corrupción podría ser uno de los “motivos de dolor para un golpe”, sumándole lo ocurrido con Cadivi (Comisión de Administración de Divisas), bonos petroleros y de turismo, las nacionalizaciones, entre otros.

En esta conferencia, quien también fuera asesor de la Vicepresidencia de la República, se paseó por las distintas situaciones económicas y políticas que ha atravesado el país y los gobiernos de turno en el pasado, y se relacionaron estos hechos con el presente.

Este trabajo fue realizado para el Correo del Orinoco.