Poema «Amor de mil noches»

Como una ola tu amor llegó a mi vida, dice una canción de Pablo Herrero y José Luis Armenteros, interpretada por Rocío Jurado.


El poema Amor de mil noches ha sido la síntesis de un romance que duró más de tres años en el que se pretende dejar ver cuán enamorados estuvieron y cuántas ganas se tienen, todavía después, uno del otro.

La génesis de Amor de mil noches ocurre desde la azotea de un edificio de más de 8 pisos, una medianoche de marzo de 2016, desde veía parte de la ciudad que no descansa, una Caracas fría y agitada vista desde Altamira.

Después de un suspiro que le robé al imponte cerro El Ávila a mi derecha, llegó a mí un profundo pensamiento que me hizo viajar por entre las luces de los autos, de las calles, de los edificios y de las estrellas. El viaje fue placentero mientras recordaba, tibio y cálido como nuestras noches de sexo. Volví en mí cuando la noche me inyectó su frío en mis brazos…


Aquí me quedaré solo
pensándote desde lo alto,
al filo del abismo,
silencio vacío,
ruidosa honda noche.

Aquí me quedaré solo
para escribirte líneas
¡que no leerás!,
no leerás porque te duele;
profundo dolor, amargos reproches.

Aquí a solas me quedaré
para recordar cuando era feliz
amando tu cuerpo dorado,
delgadas líneas de niñez,
dulce agua en tus labios.

Aquí a solas me quedaré
para contemplar en las estrellas
tus cristales de inocencia,
que iluminaron mi alma
con tu mágica esencia.

Se fueron tus ojos
sin quererme amar,
como fugitivo fuego que al titilar,
encendieron otros cuerpos,
otros cuartos,
malas camas,
cortas noches,
gemidos fingidos,
gemidos sin goce.

Volví en mí y noté,
que simplemente te ilustré,
desde la altura de la fría «notte»,
sin grillos ni sapos la fría «notte».

Solo fue un falso espejismo.
Te pensé idiotamente
con el último abrazo
de tus labios y los míos,
que hoy son abrazos
que me da, fogosa, la Venus de Milo.

Mi piel y tu piel,
alquimia fundida;
penúltimo encuentro,
la despedida;
ardieron de placer,
¡no fue una mentira!;
y murió tu amor
ese oscuro día,
de cama mojada,
sábana encendida;
y murió tu amor tras mil noches,
noches de traviesa osadía.


P. S. Este poema es una muestra de lo que sentía por ti.


Siempre suyo, 
Leonardo Bruzual Vásquez.

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