No entendí | ¿Por qué se nos hace difícil entender al otro? | Coach disruptivo

¡No entendí! parece hoy una expresión ligera, fácil, intelectualmente precoz, o inclusive, que se expulsa de las entrañas cerebrales para pedir se vuelva a explicar algo que, muy probablemente (aunque no siempre es así), se ha explicado de la manera más clara y precisa. No obstante, después de estas primeras líneas usted pensará: ¡Demonios, no entendí!

Meme, no entendí. Philip J. Fry, protagonista de la serie animada Futurama.

Bueno, usemos “palabras de centavo”, sencillas. No entendí es una expresión que se ha vuelto popular entre los hablantes en una conversación informal u ordinaria (incluso formal), como si se tratase de un hola o un chao. Los alumnos o estudiantes de cursos (de todas las edades, incluyendo adultos y profesionales con años de experiencia) lanzan como dardos a la pizarra esta expresión, ya sea comunicándolo de manera verbal o no verbal (cuando su profe les dice: entendieron y todos dicen sí, pero al final, más adelante, el profesor descubre que no fue así). ¿Han leído ese cuento?

¿Pero qué es lo que conlleva a que no haya entendimiento entre las personas (o una de las partes) que forman parte de un proceso comunicacional? ¿Cuáles son los motivos? ¿De quién es la culpa si la hay?

En este artículo intentaré dar algunas luces de lo que pudiera ocurrir. Aclaro que no soy especialista en neurociencia, psicología o sociología. Solamente me baso en mi experiencia como periodista, docente, locutor y facilitador de talleres de oratoria y escritura; pero también en mis vivencias personales.

Factores de distorsión de la comunicación interpersonal

Si todos tenemos intelecto y hemos venido desarrollando, a través de nuestras experiencias de vida, el sentido común (que parece, en estos tiempos, estar extraviado): ¿por qué sigue sobre el tablero el popular no entendí?

Puede haber varios factores. Todos ellos son viables. El nacimiento de un no entendí se pudiera dar por:

  • El medio: ¿por qué canal se envía el mensaje?, ¿fue a través de una llamada, había buena cobertura?, ¿se empleó un medio digital u otras tecnologías?
  • Desatención vs. concentración: ¿qué hacen los interlocutores?, ¿cuánta atención le prestan a la conversación?, ¿traes tus problemas personales al lugar donde se imparte alguna clase, charla, foro o ponencia?
  • Elocuencia: incluso la forma cómo ordenamos nuestras ideas puede hacer surgir de las vísceras el tan mencionado no entendí. ¿Lo dijeron o lo escribieron? ¿Entiendes más cuando te lo escriben o cuando te lo dicen?, ¿usas palabras fáciles o inentendibles? ¿Y sin son palabras de uso culto, empleas sinónimos para que se comprenda lo que dices?
  • Atmósfera del escenario: ¿cuánto ruido hay en el lugar?, ¿es un lugar abierto o cerrado?, ¿la comunicación es vis a vis (frente a frente) en un espacio tranquilo o hay revuelo y malestar en los alrededores?, ¿los interlocutores están lejos uno del otro?, ¿hay algún objeto que perturba el oído como una gota china?

¿Hay algún otro factor que consideres? Deja tu comentario.

Posibilidades para un no entendí

Los factores anteriores pueden generar, fácilmente, que los hablantes digan no entendí. Tomando en cuenta esos escenarios, es posible que la expresión se de de la siguiente manera:

El ruido comunicacional

Comencemos con lo más sencillo. El ruido en la comunicación no solo es sonido, también puede ser algún elemento que genere distracción: leer un mensaje en el celular, chatear, pensar en otra cosa que no tenga que ver con el tema conversado.

Esta posibilidad es todo aquello que hace interferencia en el proceso comunicacional entre dos personas o entre una y varias personas. Además, los rasgos de la personalidad entre los interlocutores (sobre todo aquellos que parecen incompatibles) pueden de generar ruido en la comunicación, no solo de uno a uno, sino de uno a todos (compañeros de clases, etc.).

El oyente

He llegado a penar que como siempre decimos “oyente”, la respuesta de por qué no nos entendemos es sencilla: el oyente hace eso, oír; no “escuchar”. Tómese en cuenta que escuchar requiere una dedicada atención en el mensaje del hablante para que se pueda comprender lo que de dice.

Cuando el oyente pasa de una posición pasiva a una activa (se involucra en la dinámica oral), mi sugerencia es que le llames escuchante. Sí, así como lo lees; y así Word te lo subraya en rojo y Google te diga que es un error, puedes usarla. Es una palabra válida, y aunque no esté registrada en el Diccionario de la lengua española, puedes correctamente emplearla.

Si estás pensando en qué vas a hacer mañana, si tus problemas de parejas no puedes apartarlos o estás conversando con el compañero o vives preocupado/a por la situación el país; no será raro escuchar de ti —tras una pregunta del ponente, facilitador o profesor— un no entendí. Y si eres de los que dices: A él/ella no se le entiende lo que dice; procura autoevaluar esa crítica. Muy probablemente tus pensamientos tienen una conversación con un eclipse lunar.

El hablante

Y dejé a este señor para el final porque, muchas veces, se oye decir al hablante (que también puede ser el orador, el escritor o el mensajero), por ejemplo: Ellos no me entienden, Nadie me entiende, Hablo alto y fuerte pero no me escuchan. A propósito de esto último, no porque grites te tienen que entender.

Sin embargo, se ha preguntado el hablante: ¿me expresé bien? ¿Me di a entender? ¿Estoy explicando adecuadamente? O la más usada: ¿me expliqué? —no me gusta mucho e incluso a mí se me sale a veces—.

Si estas preguntas no surgen por parte de quien habla, entonces, ya hemos logrado otro hallazgo: muy probablemente el “emisor” del mensaje no sabe cómo explicar una idea (la interrumpe, la deja incompleta, se ahoga en su retórica y se desvía de la idea central) y esto le da la bienvenida a un no entendí.

Aunque también puede ocurrir que utilizó palabras de difícil comprensión para su(s) interlocutor(es). ¡Esto último me suele pasar! ¿Cómo podemos resolverlo? Simple: sabiendo con quién hablamos. Haz que tu discurso o la retórica  que empleas contengan un lenguaje más claro, diáfano, comprensible; emplea palabras amigables y populares, sin caer en lo vulgar o en un lenguaje pobre.

Recuerda: no es lo que dices, sino cómo lo dices.

Soluciones

Al final, recuerde que siempre que se le preste la más consciente atención al mensaje (o se le dé verdadero valor) y que este mensaje, también, sea emitido con los mismos códigos entre los hablantes (y de forma adecuada, o correcta [si hablamos de ortografía]); no habrá posibilidad de que surja el trillado no entendí.

¿De quién es la culpa? La culpa es de todos viéndolo desde un sentido amplio y frío, sin anestesia. Considero que no hemos sabido tener una comunicación más efectiva porque, en el proceso de enseñanza-aprendizaje en el colegio, liceos y universidades —y ni hablar del hogar— continúa habiendo fallas por parte de los profesionales de la docencia y de los padres, respectivamente, para expresar sus ideas, para orientar, para dar afecto.

¿Es comprensible pensar ahora por qué existen tantas familias disfuncionales? ¡Pero calma!, ¡no todo está perdido! Te tengo buenas noticias: siempre es buen momento para formarse y mejorar tu capacidad de expresión oral o escrita, sin importar tu edad. ¡La educación es la clave!

Entonces, para lograr tener una comunicación no solo efectiva sino afectiva (con empatía, respeto y solidaridad), la invitación es a seguir formándose y culturizándose. Para ello, escucha a los expertos, nota cómo hablan y se  comunican, lee novelas e historias o un libro de crecimiento personal (denominados “autoayuda”) o de cualquier género que te permitan enriquecer tu vocabulario, busca tutoriales que hablen sobre este tema o capacítate con profesionales de la comunicación.

Si quisieras aprender más sobre algunas técnicas para optimizar expresión oral (incluso escrita), pregunta por los tallares de oratoria, locución, dicción, ortografía, redacción web y géneros periodísticos a leobruzualcursos@gmail.com o vía redes sociales por @locutorkinestesico (en Instagram). Ofrecen herramientas aplicables de forma sencilla para mejorar en segundos.

Ten en cuenta que, sin duda, Somos lo que decimos y por eso tengo como máxima: «Yo trabajo con palabra, por eso cuido lo que digo». Recuerda que tú palabra podrá hacerte, como subraya el refrán, «amo de lo que callas y esclavo de lo que dices» | #LoDemasEsPlastilina.

|| Por Leonardo Bruzual Vásquez
Periodista, locutor, docente, storyteller y divulgador.

Si encuentras algún error de redacción en este artículo, escribe a bruzualizar@gmail.com con tu sugerencia o consideración. ¡Muchas gracias!

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